MARÍA EN EL CONCILIO VATICANO II, CONFERENCIA DEL PADRE RUBÉN VIRUÉS

Dentro del ciclo de charlas formativas del Consejo Local de Hermandades y Cofradías, con motivo del año de la Fe, el P. Rubén Virués, pronunció la cuarta conferencia, sobre «La figura de María en el Concilio Vaticano II».

El P. Virués nos enseñó cómo el Concilio al intentar exponer la doctrina relativa de la Iglesia, desea esclarecer cuidadosamente el lugar que en ella ocupa la Madre del Salvador, o mejor la función que desempeña en la misma. El capítulo VIII de la Constitución Lumen Gentium pone de relieve el papel incomparable de María en la historia salvadora, siempre en relación a Cristo y a la Iglesia. María es presentada como la servidora de Cristo y de su designio redentor y como figura de la Iglesia.

En definitiva el Concilio se propuso acercar la figura de la Virgen, por medio de la Sagrada Escritura y situarla adecuadamente en función a su relación con el Verbo Encarnado, Madre de Dios y al papel que ocupa en la Iglesia como su miembro más eminente, el más cercano a Dios, su más perfecta discípula.

Terminado el Concilio, el mismo Pablo VI llamó a María “Madre de la Iglesia”. Así aparece en el texto conocido como “El Credo del Pueblo de Dios”. Posteriormente, el mismo Papa dedicó a María todo un documento concreto que llevaba por título Marialis Cultus.

La Constitución termina con el título de «María señal de firme esperanza y consuelo para el pueblo de Dios que peregrina por la tierra». Terminó el P. Rubén hablándonos de devociones marianas recomendadas por el Concilio: el Ángelus y el Santo Rosario, así, como posteriormente, el uso devoto del escapulario del Carmen.

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